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Bitácora de la Cuarta Marcha Vuelta a Sierra Morena, Domingo, seis de junio del dosmildiez. Este año por obras en carreteras varias, el recorrido se modificaba totalmente, se hacía lo que años atrás era el recorrido corto, pero al revés. Y dolía, al revés es también duro, tiene también bastantes repechos. Tenía a mi favor lo cortita que podría llegar a ser, que aunque este año no tenga nada de fondo, ni esté demasiado entrenado, pero ciento diez kilómetros son para mí, ahora, bastantes llevaderos (El pasado domingo hice ciento cincuenta i acabé "bien"). Hablamos en la salida algunos montillanos de "hacer pacto" e ir todos juntos. Dí incluso mi palabra de hombre, pero al final, ná.. Salimos neutralizados, dando una vuelta a Pozoblanco, para coger por fín la carretera eterna a Villaharta, esos treinta i tres kilómetros, que alguien con poca idea puso algún día ahí. Aunque esta vez la diferencia era importante, eran de salida, i parece que dolían menos las patas. Mi desayuno de madalena de la Lola, huesitos i batido iba bien, no llevaba hambre, eso sí, la calor ya se estaba presentando al evento, sin haberla invitado, pero a ver, es junio no enero. En las muchas bajadas que tiene esa carretera me quedaba SIEMPRE cortado, recuperando en las subidas, con el consabido esfuerzo que supone, llegando a veces a las ciento ochenta pulsaciones. En el avituallamiento de Villaharta me encontré al Ico, le pregunté por el pacto, que si lo haríamos. Él me dijo que sí, así pues, esperé. En esto llega Rafa Ortiz con Antonio Polonio i El Chaval que comentan que Antonio Castro ha pinchado; eso ya cambiaba las cosas. Así que tras avituallarnos debidamente, (pensaba disfrutar de la marcha, ya que de la nuestra en Montilla ni me enteré) proseguí mi camino, en compañía de los antes mencionados. YO sí paré en el avituallamiento de Obejo, el siguiente; ellos NO. Así pues, cuando tras la bajada del citado pueblo, los cogí subiendo, me fuí sólo para adelante, ya lo que quedaba lo conocía perfectamente, así pues apreté lo que mis posibilidades me dejaban. Fuí pasando gente, unos diez hasta Villanueva. De allí a Pozoblanco fuí en la más absoluta de las soledades. Por alante, llevaba, según me contaron, una grupetilla a dos minutos, pero claro, serían unos diez a relevos, i por detrás vete a saber quién vendría, tampoco era plan de esperar, que apretaran si querían cojerme. Así las cosas, los casi veinte kilómetros de falsos llanos de Villanueva de Córdoba hasta Pozoblanco los hice sólo capeando frente al aire que molestaba de cara. Otro que tampoco estaba invitado a la marcha. Debemos añadir a todo esto, amagos de calambres cuando me ponía de pie, fruto de mi poco entreno, i de lo que apreté también.
Volví a portarme como un señor este año, i recibía de nuevo a Jose Antonio Arrabal con otra cerveza fresquísima. Dineros no tendré, pero clase, a veces, sí. La comida se la suponen, genial. Para mí la entrega de trofeos se retrasó un poco, pero fué un buen momento de convivencia. A los montillanos nos sirvió para analizar detalles de su marcha i la nuestra, cosas a mejorar jejejeje, siempre pensando i planeando, que agonías. El camino de vuelta fué algo pesado, llevo toda la semana madrugando, durmiendo mal por la calor, i arrastro cansancio, así, a pesar de ser corto se me hizo pesado. Esto fué todo, hasta el año que viene. Datos de mi Polar:
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En plan Jiménez, Buenos días señores. |
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Situación de marcha. |
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